Durante trece años, Alejandro creyó que yo era una mujer resignada.
Una esposa que aceptaba todo.
Una mujer que prefería mirar hacia otro lado antes que enfrentar la realidad.
No podía estar más equivocado.
La primera noche después de descubrir a Laura, no tomé una decisión impulsiva.
No destruí su teléfono.
No fui a buscarla.
No llamé a su familia.
Porque una guerra no se gana atacando cuando el enemigo está preparado.
Se gana esperando el momento correcto.
Durante años observé.
Alejandro cada vez estaba más confiado.
Pensaba que su