Durante casi siete décadas, una mujer francesa guardó en silencio uno de los capítulos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial: el de las prisioneras obligadas a concebir hijos dentro de un campo administrado por oficiales alemanes. Su testimonio, ofrecido por primera y única vez en 2010, cuando tenía 86 años, expone una realidad muchas veces olvidada por la historia oficial y por una sociedad que, tras 1945, prefirió mirar hacia adelante.
Tres madres, tres tragedias dentro del mismo campo
La narradora recuerda a sus compañeras de cautiverio como si