—Sí —dije finalmente—. Ethan es tu hijo.
Daniel cerró los ojos.
Vanessa retrocedió como si acabara de recibir un golpe.
—Eso es imposible.
Daniel abrió los ojos de inmediato.
—¿Por qué sería imposible?
Vanessa palideció.
Yo lo noté.
Daniel también.
Pero Ethan tiró suavemente de mi manga.
—Mamá, ¿podemos irnos? El avión va a salir.
Me agaché.
—Sí, cariño.
Daniel se interpuso.
—No puedes decirme que tengo un hijo y marcharte.
—Durante tres años no supiste que existía.
—¡Porque me mentiste!
Su voz hizo que Ethan se aferrara a mí.