Los dedos de Nuria volvieron a entrar en la maleta abierta y tocaron algo que no esperaba encontrar. Lucía lo vio desde el pasillo, con la carpeta apretada contra el pecho y la póliza todavía desplegada entre sus documentos.
—Saca la mano —dijo.
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Nuria se quedó quieta.

Por primera vez desde que Lucía había entrado a la casa, nadie parecía tener preparada una explicación.
Lucía había regresado de Doha esa misma mañana sin avisarle a nadie. Durante casi tres años había trabajado como supervisora de limpieza en un hotel