PARTE 2: LA FIRMA OCULTA

Mi madre dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Qué firma? —preguntó, intentando mantener la calma.

Mi padre no respondió.

Solo me miró.

Y en ese instante entendí que llevaba años guardando algo kara.

—La que hicieron hace dos años —repetí—. Quiero verla.

—Mariana, no es asunto tuyo.

Solté una pequeña risa.

—Acaban de echarme de esta casa llamándome parásita. Creo que ya tengo derecho a saber por qué mi nombre aparece en sus documentos.

Mi padre palideció.

Entonces mi madre tomó la carpeta que yo llevaba en las manos.

—¿Dónde