Ramón tiene 68 años y ya había enterrado a las dos mujeres que más quiso en la vida: a su esposa, después de 37 años de matrimonio, y tres años más tarde a su única hija, Valeria, que murió en un accidente de auto y dejó atrás a su esposo, Ignacio, y a Martina, su hija de apenas dos años.
Con el tiempo, Ignacio se convirtió para Ramón en algo parecido al hijo que nunca tuvo, y juntos se encargaron de que Martina creciera sabiendo, a través de fotos e