La grabación seguía corriendo cuando Steven recibió un mensaje y dejó de mirar a Kayla para concentrarse en el teléfono. Mi esposo, Mark, seguía junto al mueble de la entrada con la carpeta abierta entre las manos, y por primera vez entendí que aquella amenaza no era una improvisación de Steven.
Había algo que mi esposo llevaba tiempo ocultándonos.
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Y ahora Steven sabía que ya no podía salir de nuestra casa como si nada hubiera ocurridokara.

«Mark, dile la verdad», repitió Steven.
Yo mantuve el teléfono levantado.
No sabía