La experiencia me enseñó algo sorprendentemente simple: lugares familiares todavía pueden contener sorpresas.
Tendemos a pensar en nuestros hogares como lugares donde estamos completamente a salvo de lo inesperado. Conocemos las habitaciones, los muebles, los sonidos y las rutinas.
Pero la naturaleza no siempre respeta esos límites.
Las criaturas pequeñas pueden entrar a través de pequeñas aberturas, llegar accidentalmente a la ropa u objetos, o simplemente encontrar su camino en lugares donde nunca esperamos verlos.
Y a veces, todo lo que se necesita es un descubrimiento extraño para hacernos darnos