Evelyn tenía 16 años y era una joven alegre, curiosa y llena de sueños. Le encantaba el mar, tomaba fotografías de todo lo que la rodeaba y solía hablar con entusiasmo sobre sus planes para el futuro. Como madre, sentía que la conocía profundamente, hasta que, semanas antes de un viaje escolar, comenzó a notar en ella un cambio difícil de explicar.
Un comportamiento inusual antes del viaje
Evelyn pasaba más tiempo del habitual mirando el teléfono, como si buscara algo con insistencia. Un día se acercó y me hizo