al sótano. En la puerta había un letrero:
«Departamento de Oncología Pediátrica»
Las piernas me fallaron.
Daniel se acercó a un médico mayor y sacó de la caja varios pequeños frascos de vidrio, además de fotografías de la espalda de Emma.
—La mancha estaba más roja hoy —dijo—. Volvió a dolerle cuando el agua tocó su piel.
El médico abrió un expediente.
—Ya tenemos los resultados definitivos.
Ya no pude seguir callada.
—¿Qué resultados?
Daniel se dio la vuelta. Cuando me vio, su rostro se puso completamente pálido.
—¿Laura? ¿Cómo