la ducha», pensé, aunque una extraña inquietud me recorrió por dentro.
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Pero no estaba allí. Nuestra hija Sofía aún dormía — en media hora tendría que despertarla para ir a la escuela.
Me puse la bata y fui a la cocina. No había ninguna nota, ni el habitual «Que tengas un buen día, amor». Eso no era propio de él.Organiza Tu Agenda
Mientras la tetera se calentaba, abrí el correo electrónico. Entre los mensajes publicitarios había una notificación del banco. No