millones.
De ahí, 6.4 millones fueron transferidos a otra sociedad.
Esa sociedad había pagado el anticipo de un departamento en Miami.
El comprador registrado no era Julián.
Era Isabella Cortés.
Ella no era solamente la mujer con la que mi esposo había intentado reemplazarme en una gala.
Parecía ser el último eslabón de una ruta de dinero que salía de nuestra empresa.
Julián se levantó bruscamente.
—Elena, si sigues con esto vas a destruir todo lo que construimos.
Cerré la carpeta.
—Eso es justamente lo que voy a averiguar: