Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

se cerrara antes de mirar al abogado.

—Dígame el nombre.

Él acomodó sus papeles.

—No trabajo para usted.

—Entonces no insinúe cosas que no puede sostener.

Se quedó callado unos segundos.

—El pago terminó beneficiando a Isabella, pero la operación no fue firmada personalmente por el señor Salgado.

—Eso ya lo sabía.

—Lo que quizá no sabe es que Nortea tenía una autorización corporativa emitida por la dirección financiera.

Sentí que el enojo se convertía en algo más útil: atención.

Nuestro director financiero era Andrés Molina, un hombre que llevaba