Mi esposo me eliminó de la lista de invitados de la gala de su empresa y dijo: “Eres demasiado sencilla para estar con gente importante”. No discutí; guardé el mensaje y revisé los documentos de una inversión de 420 millones de pesos. Esa noche llegó acompañado de otra mujer, sin imaginar que la verdadera dueña del grupo que sostenía su imperio estaba a punto de entrar.

Tardamos meses.

La casa de Valle de Bravo era propiedad mía desde antes del matrimonio y quedó fuera de la discusión. Otros bienes adquiridos durante esos años se negociaron conforme a nuestro régimen matrimonial y con nuestros abogados.

No intenté dejarlo en la calle.

Tampoco cubrí sus errores.

La empresa reclamó judicialmente parte del dinero pagado a Nortea. Mauricio colaboró entregando información y quedó sujeto a su propio proceso y responsabilidades.

Respecto al documento con mi firma, presentamos la denuncia correspondiente y entregamos el dictamen técnico, los archivos originales y