salvar mi pierna.
El chico que nunca pidió nada.
Mi mandíbula tembló.
—Quiero que congeles todo.
El abogado asintió.
—Eso podemos hacerlo.
—Quiero recuperar cada dólar.
—También podemos iniciar ese proceso.
Miré por la ventana del despacho.
Los autos pasaban debajo como pequeños puntos en movimiento.
Durante toda mi vida pensé que mi familia tenía poder porque tenía dinero.
Ahora entendía algo diferente.
El dinero solo había escondido quiénes eran realmente.
Saqué mi teléfono.
Tenía decenas de llamadas perdidas.
Todas del mismo número.
Mi padre.
Por primera vez en semanas,