—No, no sabes.
Frunció el ceño.
—Si hubiera hablado mal de ti, sería más fácil odiarte.
Me arrodillé para quedar a su altura.
—Puedes estar enojado conmigo.
—¿Vas a irte otra vez?
Podía haberle prometido que jamás lo haría.
Pero después de todo lo ocurrido, no quería construir nuestra relación sobre otra frase bonita.
—Voy a aparecer cada vez que ustedes y tu mamá me permitan hacerlo.
Leo ladeó la cabeza.
—Eso no es una promesa.
—No.
Respiré.
—Es algo que puedo demostrar.
Comencé con 2 tardes al mes.
Después