dinero no decidiera cuánto respeto merecía.
Rodrigo bajó la mirada.
Empujé una carpeta hacia él.
Había facturas.
Transferencias.
Contratos.
Y una hoja más.
El registro del hospital.
17 llamadas sin respuesta.
Rodrigo se quedó mirando ese número.
—Fernanda fue un error.
—No estamos hablando de Fernanda.
—Tenemos una hija.
—Exactamente.
Levantó la vista.
—Puedo arreglarlo.
—¿Dónde estabas cuando Emilia nació?
Abrió la boca.
No dijo nada.
—Te llamé 17 veces.
—Daniela…
—No destruiste nuestro matrimonio en una noche. Lo hiciste con cientos de decisiones pequeñas.
Mi voz no temblaba.
—Cada