su papá murió.
En mi mano izquierda sostenía un ramo de rosas rojas con varios tallos doblados.
Las había comprado en el aeropuerto.
Al día siguiente se cumplían exactamente 3 años de la muerte de Daniel, mi esposo.
Cada aniversario, Lucía elegía un florero y yo colocaba las rosas junto a una fotografía de su padre.
Era nuestra manera de decirle que seguía teniendo un lugar en casa.
—Tengo una reservación —dije en voz baja—. A nombre de Clara Vázquez.
El recepcionista miró mi ropa antes de mirar la pantalla.