padre no murió hace doce años —continuó—. Y yo no morí hace veinte. Salvatore orquestó ambas muertes porque nuestra familia se había vuelto útil para hombres poderosos: políticos, jueces, financieros internacionales. El imperio Romano no era simplemente criminal; era un banco secreto para personas que jamás podían permitir que sus nombres salieran a la luz.
Miró directamente a la cámara.
“Intenté alejaros de ti y de Matteo. Salvatore descubrió mi plan. Le dijo al mundo que yo había muerto y luego me encarceló en Europa.”
La rabia me invadió como