que nadie más sabía.
Durante su segundo año de universidad, Christopher se había fracturado el tobillo derecho en un grave accidente de bicicleta.
Lo operaron.
El cirujano colocó dos tornillos permanentes de titanio dentro del hueso.
Jamás se los retiraron.
Y el tobillo siempre le dolía cuando hacía frío.
Cogí inmediatamente el teléfono.
—Detective Jackson, necesito que compruebe algo en el cadáver de la morgue ahora mismo.
—¿Qué cosa, señora Bennett?
—Mire el tobillo derecho del fallecido. Busque dos tornillos quirúrgicos de titanio.
Media hora después, el detective me devolvió