deshacerte también de mí? —susurré.
No respondió.
Ni siquiera lo negó.
Aquel silencio confirmó mi peor pesadilla.
—Necesitabas un segundo cadáver para cobrar el seguro —dije en voz alta.
Christopher apretó la mandíbula.
—Jamás habría permitido que te ocurriera nada si hubieras cooperado conmigo.
—¿Si hubiera cooperado?
Las lágrimas aparecieron en mis ojos.
—¿Qué clase de monstruo habla así de su propia esposa?
—¡Un hombre que estaba haciendo todo lo posible por salvarla!
—No. Eres un monstruo que decidió que tenía derecho a jugar a ser Dios y elegir quién