a los clientes, y de la cocina llegaba el aroma de la comida recién preparada.
Detrás de la caja estaba aquella misma chica. Ahora iba arreglada, hablaba con seguridad con los clientes y sonreía a cada persona.
Al ver al jeque, se acercó tranquilamente a él.

— Bienvenido. Hoy tenemos el local completo. Si quiere cenar, habrá mesa libre en unos cuarenta minutos.
El jeque miró a su alrededor, desconcertado.
— Yo… no esperaba ver esto.
La chica solo sonrió.
— Usted me dio una oportunidad, aunque solo fuera para reírse. Y yo