que amaba.
No despedí a nadie ese día.
Quité la amenaza, y me quedé con el guardián, y me convertí, finalmente, en el padre que mis hijas habían estado esperando.
Intentaron decírmelo.
que amaba.
No despedí a nadie ese día.
Quité la amenaza, y me quedé con el guardián, y me convertí, finalmente, en el padre que mis hijas habían estado esperando.
Intentaron decírmelo.