misma firmara la autorización.
Todavía faltaba algo.
Lo descubrí 3 días después.
Mauricio había dejado abierta su sesión de correo en la computadora familiar.
No revisé conversaciones personales.
No necesitaba hacerlo.
En la bandeja aparecía un mensaje automático de una inmobiliaria.
Confirmación de depósito.
Abrí únicamente el documento vinculado a nuestra cuenta conjunta.
Era un departamento amueblado.
2 recámaras.
Terraza.
Estacionamiento.
A menos de 10 minutos de su oficina.
El contrato estaba a nombre de Fernanda.
El depósito había salido de nuestro dinero.
32,000 pesos.
Me quedé sentada frente