juntos.
–Sí –respondí–. Creo que tenemos mucho que celebrar.
El día del aniversario se puso una camisa azul que yo le había regalado el año anterior.
Mientras se acomodaba el reloj, decidí darle una última oportunidad.
–Mauricio.
–¿Sí?
–¿Hay algo que quieras contarme?
Se giró.
–¿Sobre qué?
–Nosotros.
Se acercó y me tomó por la cintura.
–Estamos bien.
–¿Estás seguro?
Me besó la frente.
–Más que nunca.
A las 5:42 de la tarde, mientras terminaba de arreglar la mesa, mi teléfono vibró.
Era una alerta bancaria.
Intento de transferencia.