dijo que el miedo la hacía huir.
—¿Y si tiene razón? —me preguntó ella.
—¿Quieres quedarte con él?
—No.
—Entonces con eso basta. Cambiar de opinión es suficiente.
Ahí entendí por qué me había llamado a mí y no a Owen: no necesitaba que la rescataran de Russell, necesitaba a alguien que no convirtiera su decisión de irse en la prueba de que había sido tonta por quedarse.
La conversación pendiente entre madre e hijo
Volvimos a la cabaña. Russell, al principio a la defensiva, terminó reconociendo que se había