ocho hombres.
Charles los señaló uno por uno.
—El decano de la universidad. Dos profesores. Tres miembros del consejo de la fundación. Un médico de la clínica de tu madre. Y el director de nuestro programa de ayuda financiera.
No podía hablar.
—¿Qué quiso decir con mantenerlos satisfechos a todos?
Charles sacó la silla.
—Con tus respuestas.
Sentí cómo me ardía la cara.
Entonces recordé sus otras palabras.
—Dijo que mi madre lo perdería todo.
Esta vez respondió el médico.
—Tu madre ha sido aprobada para recibir un año de