que sentía tras tragar los comprimidos de la tarde. La pequeña, con la voz entrecortada por la debilidad, confesó que cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos y que sentía un peso extraño en el pecho.
Esta confesión espontánea aportó la dimensión humana necesaria para entender que el sufrimiento de Luna no era producto exclusivo de su condición médica, sino de una intervención externa deliberada.
Las dificultades para hablar directamente con el padre
Intentar transmitir esta información al cabeza de familia resultaba una tarea titánica debido a la