La reclusa más temida de la prisión decidió humillar a la recién llegada, quitándole la comida delante de todas las internas kara

primera vez.

—¿Quién… quién eres? —preguntó con voz entrecortada.

La joven la observó desde arriba sin alterar su expresión.

—Alguien con quien jamás debiste enfrentarte.

En ese preciso instante, toda la prisión entendió que acababa de llegar una nueva interna.

Y, por primera vez en muchos años, el miedo había cambiado de dueño.