Mi padre continuó.
“Pero todos tenemos un familiar que nos recuerda que siempre podría habernos ido peor.”
Las risas aumentaron.
Renata bajó la mirada para ocultar una sonrisa.
Entonces me levanté.
No para discutir.
Solo quería salir unos minutos.
Pasé cerca de la mesa principal.
Mi padre dejó el micrófono, tomó una copa llena de vino tinto y se acercó.
“¿Ahora te ofendiste?”
“No.”
“Entonces sonríe.”
“Prefiero salir un momento.”
Su expresión cambió.
Odiaba que yo no reaccionara.
Desde niña, su poder dependía de conseguir que llorara.
“Siempre haces lo