preguntó en voz baja:
“¿Quién hizo esto?”
“Después.”
Se quitó el saco y lo colocó sobre mis hombros.
Luego me besó suavemente en la frente.
“Perdón por llegar tarde, amor.”
El silencio fue brutal.
Mi madre abrió la boca.
Renata dejó caer su copa.
Mi padre frunció el ceño.
“¿Amor?”
Santiago pasó un brazo alrededor de mi cintura.
“Buenas noches.”
Mi padre lo observó de arriba abajo.
“¿Quién es usted?”
Ernesto Alcázar cerró los ojos.
Parecía querer desaparecer.
Santiago respondió:
“Santiago Valdés.”
Mi padre tardó unos segundos en entender.
Cuando