hermana comprendió finalmente.
No había entrado a una dinastía financiera imparable.
Había entrado a una empresa que necesitaba dinero urgentemente.
Ernesto volvió hacia Santiago.
“Su equipo ya terminó la auditoría. Solo faltaba la autorización final.”
Santiago no respondió inmediatamente.
Miró mi vestido.
Después a mi padre.
“Correcto.”
Ernesto respiró.
“Entonces podemos hablar el lunes.”
“No.”
Una sola palabra.
Ernesto quedó inmóvil.
“¿Perdón?”
“No voy a autorizar la operación.”
El salón entero volvió a quedarse en silencio.
“Señor Valdés, por favor. Lo ocurrido aquí no tiene absolutamente nada que ver con