sudar.
“Podemos corregir esto.”
“Eso tendrá que decidirlo otro inversionista.”
Renata empezó a llorar.
“Nicolás, dime que esto no significa lo que creo.”
Él no respondió.
Mi madre se acercó a mí.
Por primera vez en toda la noche su expresión había cambiado.
Ya no había desprecio.
Había miedo.
“Valeria.”
No contesté.
“¿Por qué nunca nos contaste quién era Santiago?”
“Porque no quería que lo supieran.”
“Pero somos tu familia.”
Casi me reí.
“Hace 10 minutos papá me llamó fracasada delante de casi 300 personas.”
“Estaba tomado.”
“Y tú te