las afueras de Tapalpa, Jalisco.
Aquella mañana tenía 63 piezas sobre una mesa de madera.
Necesitaba vender casi todas.
Debía alimento para el ganado, mantenimiento de las cámaras de refrigeración y varios medicamentos de mi padre, cuya memoria llevaba años desvaneciéndose poco a poco.
A pocos metros, el puesto de Esteban Robles parecía pertenecer a otro evento.
Pantallas.
Promotores uniformados.
Luces blancas.
Canastas de productos importados.
Mercado Robles tenía 6 sucursales y durante años había sido mi cliente más importante.
Hasta 3 meses antes.
Esteban canceló todos mis pedidos de