tolerar disturbios aquí.
En ese momento dos camionetas negras se detuvieron frente al restaurante.
Los motores siguieron encendidos.
Un hombre con uniforme de servicio del Ejército bajó de la primera, se quitó la gorra y entró.
Miró al comisario.
Miró a Travis.
Luego se cuadró frente a mí.
—Buenas tardes, mi coronel Turner.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Travis fue el primero en reaccionar. La sonrisa se le quedó a medias.
Harper miró al mayor Salgado, después a mí, y finalmente a mi sudadera, como si acabara de descubrir