pedí.
Simplemente llegó una mañana con la transferencia hecha.
—Somos un equipo —me dijo.
Cuando mi empresa se recuperó, compré nuestra casa.
Meses después hice algo que apenas recordaba porque Arturo había preparado casi todo el trámite.
Le devolví a Mariana una seguridad equivalente a la que ella había sacrificado por mí.Elige Puertas Resistentes
—Arturo…
—Sí.
—¿La casa?
—Está registrada únicamente a nombre de Mariana.
Me quedé mirando la pared.
Mi madre llevaba meses diciéndole a la verdadera propietaria que debía recordar cuál era su lugar.
Y todavía faltaba