lo que debía.
Renata explotó.
—¡Tú empezaste todo! Tú dijiste que si Mariana se iba, Santiago volvería a pensar con claridad.
—Yo quería salvar a mi hijo.
—Y yo quería salvarme de mis deudas.
La frase cayó sobre la mesa.
Mi madre la miró horrorizada.Revisa Artículos Maternidad
—¿Qué hiciste?
Renata comenzó a temblar.
—Solo averigüé cuánto valía la casa.
—Fuiste a notarías.
—Necesitaba opciones.
—¡No tenías derecho!
Mariana levantó una mano.
—Basta.Busca Propiedades Exclusivas
Yo iba a hablar.
Ella me miró.
—Santiago, por favor.
Entendí.
Cerré la boca.