a mi hija. Ella siempre dirá la verdad.”
Ramira cerró los ojos.
Su esposo había intentado protegerlas incluso después de morir.
Esa noche, mientras Salomé dormía, Ramira se sentó junto a la ventana.
Durante cinco años había pensado que la prisión era el lugar más oscuro que podía existir.
Pero estaba equivocada.
El lugar más oscuro era un mundo donde nadie escuchaba a una niña.
Y una niña de ocho años había hecho lo que ningún adulto pudo hacer.
Había llevado la verdad hasta la puerta de una prisión.
Porque