un nombre.
El hermano del esposo de mi hija.
Mi cuñado.
Durante meses había enviado mensajes diciendo que él podía ayudar con los niños.
Que una mujer mayor como yo no podría hacerse cargo.
En ese momento entendí.
No quería ayudar.
Quería acercarse a los bienes de los niños.
Al día siguiente llamé al abogado que aparecía en los documentos.
El licenciado Vargas llegó esa misma tarde.
Revisó todo en silencio.
Después levantó la mirada.
—Señora, su hija fue muy cuidadosa.
—¿Ella sabía que algo así podía pasar?
El abogado