Ella levantó la mano con esfuerzo y le tocó la mejilla.
—Tú me despertaste, mi amor.
—Pero tenía miedo.
—Los valientes también tienen miedo.
Mateo bajó la cabeza.
—Pensé que si abrías los ojos, ellos te iban a hacer daño.
Valeria respiró hondo.
—Me salvaste la vida porque supiste esperar el momento correcto.
El niño la abrazó con cuidado, como si temiera romperla.
Valeria cerró los ojos.
Esa vez no fue oscuridad.
Fue descanso.
Meses después, el juicio comenzó en la Ciudad de México.
Sergio llegó con traje gris, mirada