voz que gritaba “¡mira, mamá!” cuando metía un gol en la cancha del colegio.
Ahora sonaba como la voz de un niño obligado a volverse adulto demasiado pronto.
Una enfermera entró al cuarto y revisó el suero.
—Sigue estable —murmuró—. Es un milagro que siga respirando después de cómo quedó la camioneta en la carretera a Cuernavaca.
Carretera a Cuernavaca.
La frase atravesó la mente de Valeria como un cuchillo.
Todos decían que ella había perdido el control en una curva mojada. Que iba cansada. Que quizá se distrajo. Que