Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

caída.

Hay personas que confunden tu amor con debilidad, tu silencio con derrota y tu confianza con permiso para traicionarte.

Pero también hay manos pequeñas que te sostienen cuando el mundo entero te suelta.

Hay voces que te llaman desde la oscuridad.

Y hay madres que, incluso cuando todos las dan por muertas, encuentran la fuerza para volver por sus hijos.