—Algo que hayas elegido tú.
Lucía bajó los ojos.
Aquello era exactamente lo que Álvaro jamás había entendido.
La riqueza no había curado sus heridas.
Adrián tampoco.
Lucía las había ido cerrando lentamente, tomando decisiones que antes otros tomaban por ella, aprendiendo a invertir, abriendo una pequeña empresa de catering y volviendo a estudiar administración a los 29.
Adrián solo había hecho algo esencial:
Nunca confundió protegerla con poseerla.
2 días después, Álvaro esperaba delante del edificio donde funcionaba una de las empresas de Lucía.
Había envejecido una década en