un secreto esperándome.
Sino porque, por primera vez en años, quería pasar tiempo con la única persona a la que había descuidado mientras intentaba salvar mi matrimonio.
Yo misma.
Y mientras el avión se elevaba hacia el cielo, finalmente entendí algo que Daniel nunca había comprendido:
A veces marcharte no destruye tu vida.
A veces es el primer paso para recuperarla.