matrimonio convirtiendo a sus hijos en instrumentos de una guerra anterior.
La ceremonia se celebró.
Más pequeña y más incómoda de lo previsto, pero se celebró.
Clara regresó con sus hijos al hotel y, esa misma tarde, los cuatro cenaron juntos lejos de la fiesta.
El menor preguntó si su papá estaba enojado.
Clara pensó la respuesta.
—Puede estarlo —dijo—. Pero eso no significa que ustedes hicieron algo malo por elegir dónde se sentían tranquilos.
Meses después, Álvaro pidió hablar con Clara.
Esta vez llegó solo.
Sin Mercedes.
Sin abogados.