permanente, dependiente y silencioso, incluso rodeado de gente.
Además, existe un riesgo frecuente: convertirse en cuidador permanente de los nietos por “estar disponible”, lo que termina agotando física y emocionalmente a quien ya cumplió su etapa de crianza. El vínculo familiar se fortalece más con visitas elegidas que con convivencias impuestas.
La casa de los hijos debería considerarse solo cuando existe dependencia física severa y no hay alternativas profesionales de cuidado. Antes de eso, ceder la autonomía suele tener un costo muy alto.
Vivir con pares: una alternativa que crece