aquella noche. Henry todavía se sienta junto a la ventana la mayoría de las tardes. A veces me siento a su lado. A veces hablamos. A veces no decimos nada.
Pero ahora, cuando salgo de casa, le digo adónde voy.
El lugar real.
Aunque sea solo la tienda.
Porque lo más triste que aprendí es esto: la traición no siempre empieza cuando tocas a otra persona. A veces empieza cuando decides que la persona que está a tu lado ya no merece la verdad.