Parte 2: LA TORMENTA SILENCIOSA KARA

Mi cinturón de campeona en el asiento trasero. Mis manos todavía temblando por la adrenalina mientras discutíamos.

Él me había pedido que condujera más despacio.

Yo le había dicho que dejara de tratarme como a una niña.

Después aparecieron los faros.

El metal retorciéndose.

El cristal.

El silencio.

Daniel murió aquella noche.

Yo sobreviví con la rodilla destrozada y una culpa tan profunda que abandoné el deporte, guardé mis trofeos y juré que jamás volvería a golpear a nadie.

Durante trece años había confundido mi talento con la tragedia.

Pero