Muy cansada.
Entonces comenzó a decir la verdad.
Cuando las niñas tenían siete años, pasó una tarde frente a nuestra casa.
No pensaba detenerse.
Solo quería mirar desde lejos.
Nos vio en la entrada.
Yo estaba enseñándoles a usar las bicicletas tándem que mi hermano me había ayudado a modificar.
Lily daba instrucciones.
Nora exigía ir más rápido.
Gabriella reía tanto que le dieron hipo.
Clarissa nos observó durante varios minutos desde el coche.
Y luego…
Se marchó.
—¿Por qué? —preguntó Gabriella.
La voz de Clarissa finalmente se quebró.
—Porque