Pensé que algún día el enojo aparecería.
Nunca llegó.
Lo que llegó fue el cansancio.
El miedo.
Y una enorme responsabilidad.
Unas semanas después, algunos conocidos dejaron de tener cuidado con lo que decían.
Fue así como descubrí la verdad.
Habían visto a Clarissa viajando con un empresario mucho mayor que ella, dueño de media ciudad y famoso por gastar dinero como si no significara nada.
Dolía.
Pero no era lo peor.
Lo peor era el silencio después de cada madrugada sin dormir.
Cuando una bebé dejaba de llorar, comenzaba